Sí, soy muy impulsivo, y hoy necesitaba escribir aquí. Después de tantísimo tiempo algo había que decir, y me gustaría comentar algo sobre este par de conceptos con los que he decidido bautizar esta entrada: presunción de inocencia y opinión. Sí, también son dos conceptos que hoy hemos tratado en la facultad (Néstor espero tus comentarios).
Hoy día los medios de comunicación -y al contrario de lo que muchos piensan, no solo me refiero a la radio y la televisión- manejan una cantidad ingente de información, de la cual solo lleva al conjunto de la sociedad menos del 10%. Sin embargo, no todos los medios de comunicación dicen la verdad, igualmente que no toda la verdad se encuentra en los medios de comunicación, en los que debemos incluir la prensa impresa, aunque para muchos esté prácticamente con un pié en el otro barrio. El problema del manejo de tantísima información es que por algún sitio hay que sacarla, y no siempre se hace del mejor modo posible.
Otra aclaración que me gustaría publicar para quien no esté demasiado puesto en el mundo del periodismo (ya sois uno más, contad conmigo) trata sobre la televisión, y es que no todo lo que sale en televisión es periodismo. Sólo pueden ser considerados como trabajos periodísticos los telediarios y los programas tipo Informe Semanal, el resto solo es puro entretenimiento. Así los Mariñas y las Patiños que se las dan de periodistas pueden tener un título, que me parece bien, pero no pueden decir que su trabajo sea periodístico, porque no lo es. Pero todo esto es algo que trataremos en otro momento.
Volviendo a lo que yo iba, la opinión es un “apartado” dentro del periodismo, pero nunca debe confundirse con la información propiamente dicha. Normalmente se puede distinguir claramente, sobre todo en los periódicos donde claramente se reflejan cuales son las páginas de opinión y cuales las de información. No ocurre así en los medios audiovisuales, donde esa facilidad de delimitación no existe. En este caso se utilizan artimañas como pequeñas sintonías o con la voz del director del programa aclarando el paso al tiempo de opinión (cosa que, según he podido comprobar, no se da en la Cadena Ser, más concretamente en el programa Hora 14, donde en la segunda media hora se mezcla la información con la opinión). Pues bien, como radioyentes, telespectadores o lectores debemos exigir una relativa objetividad, para poder crear nuestra propia opinión acerca de los temas de que trata la actualidad.
El otro concepto es la Presun
ción de Inocencia, eso que tantas veces hemos escuchado en películas y de más pero que nunca se nos ha llegado a explicar del todo. Resulta que hace algunos años (desde 1978) hay una constitución en este país que establece el derecho a la presunción de inocencia de todos y cada uno de los ciudadanos de nuestro país, esto es, que todo aquél que sea acusado de un crimen es inocente hasta que se demuestre lo contrario. De ahí que todos hayamos escuchado o leído más de un millón de veces lo de “presunto asesino”, “presunto ladrón” o “presunto estafador” por poner un par de ejemplos. El uso de esta palabreja, presunto, que tantos disgustos ahorra es uno de los pilares básicos de todo “buen periodista”, si es que existe alguno. Pues hace algunos días un famosísimo periódico de tirada nacional (el ABC, que yo tenía en estima y leía diariamente) se pasó por el forro toda esta parafernalia que os acabo de contar. Acusaron directamente a Diego, un chaval de 25 años, de haber matado a su hijastra de 3 años de edad. De esta manera el titular en blanco (muy mal puesto, por cierto, ya que el fondo era también blanco y no se leía bien) sobre una foto en la que salía Diego rezaba: “La mirada del asesino de una niña de 3 años”. Así, sin pan ni na, como dicen en mi pueblo. Solamente figuraba un presunto en el pié de foto, sí, eso que casi nadie se lee, y mucho menos después de ver un titular como ese. Resulta que el acusado no había cometido crimen alguno, la niña había muerto por unas lesiones internas que se había provocado al caer de un columpio días atrás, lesiones que no habían sido detectadas por el primer doctor que la atendió.
Esta falta de ética periodística (no quiero ser aquí un puritano) anteponiendo un buen titular al cumplimiento de la ley habrá traído más de un dolorcillo de cabeza en la redacción del ABC y más de una cabeza habrá rodado por los pasillos del periódico. El abogado de la víctima (el joven de 25 años) ya ha insinuado que querellará al diario. Por si cuenta, el director del periódico ya ha hecho un amago de disculpa en el video-blog de la edición digital.